
Marruecos enfrentó a Senegal con la chance de hacer historia porque podía cortar una racha de 50 años sin ganar la Copa Africana de Naciones. Podía hacer historia y la hizo, porque este partido se recordará durante mucho tiempo: perdió la final por 1-0 en el alargue luego de fallar un penal en el último minuto, cuando Brahim Díaz, el goleador del torneo, quiso picar la pelota y el arquero Edouard Mendy se la atajó casi sin tirarse. De la euforia total a una sensación de desazón desgarradora. Porque aquí se imaginaban una fiesta patria y lo que se terminó viviendo fue una de las noches más tristes que se pueda imaginar en términos futbolísticos, a la altura del Maracanazo en 1950. El equipo de Sadio Mané se aprovechó en el alargue del bajón anímico del local tras esa jugada insólita, Pape Gueye metió un golazo de novela y la esperanza se fue apagando a medida que aumentaban la lluvia y el frío.
Cuesta hablar del partido en sí después de esa picadita de Brahim, el chico que nació en Málaga pero eligió jugar para el país de su padre, fue campeón en la Premier, la Serie A y LaLiga, y hoy es figura del Real Madrid. Justo él, que está a la par de Achraf Hakimi y el arquero Yassine Bounou en todas las publicidades, a la altura de un héroe nacional. Cuántas veces habrá soñado con una oportunidad así, en esos minutos de locura, VAR e incidentes, en el que no sólo coqueteó con la gloria: la abrazó con fuerza, le corrió el pelo de la cara y cuando estaba a punto de estamparle un beso la dejó caer de sus brazos. Lo soñaron él y también los más de 40 millones de marroquíes y descendientes que se fueron a dormir sabiendo que la sequía de medio siglo se seguirá estirando porque el máximo torneo continental ahora se jugará cada cuatro años y no cada dos, como venía siendo desde 1968.
Brahim era el muchachito de la película porque además el penal lo fabricó él: sintió un agarrón en un córner, se dejó caer hacia atrás y después protestó en soledad y lleno de rabia, obligando a que el árbitro revisara la jugada, con un primer plano en la pantalla gigante del estadio Moulay Hassan, que hizo que la gente se sumara en la causa. Fue un rato largo en el que Marruecos se sintió campeón. Incluso en la tribuna sonó un cantito medio mufa que suena en el Bernabéu pero con las cosas consumadas, y se entona estirando la letra «o»: «campeooooones campeeoooones, olé olé olé…». Increíble: a los marroquíes les sobra infraestructura pero les falta cultura futbolera.
También hubo un lío de esos que meten miedo. Los hinchas senegaleses ubicados detrás de uno de los arcos, que habían estado tocando sus tambores como si fuera una discoteca, llenos de colorido y ritmo, no se bancaron el penal en contra y empezaron a arrojar botellas, bancos y lo que fuera hacia la cancha, otros invadieron el campo y algunos terminaron detenidos o desmayados, atendidos por los médicos. Los fotógrafos se cubrían de los proyectiles y la seguridad tuvo que armar hasta tres anillos para contener el desmadre. Mientras tanto, dentro de la cancha, los jugadores se empujaban, caían, se agarraban, y los bancos de suplentes parecían una zona de guerra. Una verdadera pena: África parecía echar a perder todo lo bueno que mostró con Marruecos en este torneo en términos de convivencia, sin incidentes ni episodios violentos, en el que los hinchas se mostraron juntos en las tribunas y las calles con un nivel de respeto que no se ve en América y Europa.
Pero el reloj pasaba y pudo haberle jugado en contra a Brahim: el penal fue en el minuto 96, cuando habían adicionado ocho; el congoleño Ngambo Ndala lo cobró tras ver el VAR en el 98 y el 10 de Marruecos lo terminó pateando en el 114. Allí apareció Mendy, que un ratito antes había tomado la decisión de abandonar el partido y se había ido al vestuario junto con la mayoría de sus compañeros. El escándalo crecía. Hasta que Sadio Mané, pura cordura, los fue a buscar…
El ex arquero de Chelsea, hoy en el Al-Ahli saudí, volvió a su lugar con ganas de amar lío. Y con su rapto de intuición provocó un silencio que sonó muchísimo más fuerte que todo el griterío previo, tan particular como infructuoso de los hinchas marroquíes. Díaz habrá querido que se lo tragara la tierra mientras recibía el aliento casi de ocasión de sus compañeros. Después de semejante secuencia llegó el alargue y el desenlace estaba spoileado porque era casi obvio que el campeón iba a ser Senegal.
¡LO FALLÓ BRAHIM!🤯
Brahim Díaz intentó picar el penal, pero Mendy adivinó la intención y lo atajó, manteniendo a Senegal con vida y mandando el partido al alargue
🇸🇳0️⃣-0️⃣🇲🇦(90′) pic.twitter.com/O41cP8YY8c
— Claro Sports (@ClaroSports) January 18, 2026
Toca hablar de lo logrado por los Leones de la Teranga, que fueron campeones por primera vez en 2021 y dos torneos después vuelven a quedarse con la Copa, demostrando que tiene algo esta generación de Mané, el Messi de ellos, que logró reponerse de una final perdida en 2019 y ya se despachó con dos trofeos. Ahora, renovados con mucho talento y con Pape Thiaw al mando, ¿podrá ser el africano que dé la sorpresa en el Mundial 2026? Está en el mismo grupo que Francia, Noruega y un rival proveniente del repechaje. Mané cumplirá 34 años en abril y ya había avisado que esta era la última Copa Africana de su vida. Pavada de despedida.
En Marruecos seguirán las dudas respecto a su entrenador, Walid Regragui. Su equipo fue cuarto en Qatar 2022, clasificó sin problemas al que se jugará en Norteamérica y hace poco cortó su seguidilla de 19 victorias consecutivas, récord mundial a nivel selecciones. Pero lo cierto es que en la Copa su juego no conformó a nadie y el técnico hizo poco para cambiarlo. Da la sensación de que su principal falencia es no tener un centrodelantero confiable: Ayoub El Kaabi, hoy titular, debería llamarse «El Casi» porque tuvo varias claras y las desaprovechó, lo mismo que había pasado con Nigeria, cuando al local lo salvó Bono en los penales.
Todo es lluvia, frío y tristeza en Rabat, la capital marroquí donde se anticipaba una celebración que podía extenderse hasta la madrugada y más allá. Como para tener una idea, el Ministerio de Educación ya había reprogramado los exámenes que debían tomarse por ley este lunes en todos los colegios primarios y secundarios del país, y esa sensación de asueto podía extenderse a otras actividades. No pudo ser, lo que siguió fue el llanto.
Tras el «Rabatazo» de Senegal, los hinchas marroquíes se fueron del estadio como en una marcha fúnebre, despacito y en silencio, con una bronca que se adivinaba en el frenesí de palabras en árabe que se decían por lo bajo unos a otros, especialmente una: Diaz.
