
La actriz habló en La noche de Mirtha sobre los trastornos de la imagen corporal que atravesó al inicio de su carrera y las graves consecuencias para su salud física y emocional.
Durante su participación en el programa La noche de Mirtha, Leticia Brédice compartió uno de los testimonios más crudos de su trayectoria artística al referirse a la presión estética que sufrió desde muy joven dentro de la industria del espectáculo. La actriz recordó que, a los 18 años, llegó a pesar apenas 42 kilos para filmar una escena de sexo en una película que se había retrasado, en un contexto donde sentía que la delgadez extrema era una condición para ser aceptada y trabajar.
Brédice relató que los mensajes sobre su cuerpo comenzaron temprano. “A los 13 años ya escuchaba que ‘las actrices no son gordas’”, contó, y recordó que a los 16 una vestuarista le sugirió que una falda le quedaría “perfecta” con solo dos kilos menos. Esos comentarios marcaron el inicio de una etapa de profunda inseguridad.
Ante esa presión, la actriz reveló que llegó a consumir anfetaminas, luego de consultarlo con una prima médica, con el objetivo de bajar de peso rápidamente. “En ese momento estaba naturalizado en el medio”, explicó, al describir una práctica que hoy resulta alarmante pero que en aquellos años era habitual en el ambiente artístico.
Secuelas físicas y emocionales
Brédice detalló el fuerte impacto que estas sustancias tuvieron en su salud. Aseguró que le provocaron daños en el sistema nervioso, afectaron su estabilidad emocional y su capacidad de concentración, e incluso le generaron una sensación de desconexión con la realidad. “No podía mirar a los ojos”, recordó.
También habló de los complejos físicos que arrastró durante años. Contó que intentaba ocultar su cuerpo, se bañaba con remera y buscaba disimular el crecimiento de su pecho. “Quería ser un varón para no ser mirada”, confesó, al describir el rechazo que sentía hacia su propia imagen.
El quiebre llegó cuando tomó conciencia del riesgo vital que implicaba el consumo de anfetaminas, tras la muerte de otra mujer y la posterior prohibición de su venta legal. “Agradezco a la vida que no me morí, es un milagro”, expresó visiblemente emocionada.
Una problemática que sigue vigente
La actriz reflexionó además sobre la continuidad de estas presiones en la actualidad. Señaló que observa con preocupación cómo muchos jóvenes recurren a cirugías estéticas o sostienen conductas vinculadas a la anorexia para ajustarse a los estándares actuales.
Recordó que en los años 90 era común que productores sugirieran intervenciones quirúrgicas o que los contratos incluyeran cláusulas que impedían superar determinado peso. “Quería estar flaca todo el tiempo para que me den trabajo, para que me quieran”, resumió sobre aquel período de su vida.
Hoy, Brédice aseguró haber resignificado su relación con el cuerpo y priorizar la paz mental por sobre cualquier exigencia estética. “El cuerpo es pasajero y perecedero”, reflexionó, y se definió como “un alma dentro de un cuerpo”, celebrando poder ofrecer mucho más que una imagen: su mirada, sus palabras y sus actitudes.
